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Durante años, Ethereum fue criticado por un problema estructural: sus altas comisiones. Cada pico de actividad traía consigo gas fees elevados, congestionando la red y expulsando a usuarios hacia otras blockchains. Hoy, esa narrativa acaba de romperse.
Las comisiones de Ethereum cayeron por debajo de los $0,01 incluso mientras la actividad de la red alcanza máximos históricos. El dato no es menor: costos casi nulos en un contexto de uso récord representan un punto de inflexión técnico y simbólico para el ecosistema.
Gas casi gratis, pero con la red más activa que nunca
Los datos muestran que el gas promedio se mantiene alrededor de 0,05 gwei, lo que permite transacciones rápidas por menos de un centavo de dólar. Esto ocurre al mismo tiempo que Ethereum registra más de 1,2 millones de usuarios activos diarios, una cifra que lo coloca nuevamente en el centro del mapa de las blockchains de capa 1.
Históricamente, baja actividad significaba comisiones baratas. Esta vez, el fenómeno es distinto: el uso crece y los costos caen. Esa combinación era, hasta hace poco, considerada incompatible.
Qué cambió en Ethereum
Este escenario es fruto de múltiples mejoras estructurales. La transición completa a proof of stake, las optimizaciones en la ejecución y el avance de las soluciones de escalabilidad han disminuido la presión sobre la capa base.
Además, una parte relevante de la actividad se canaliza de forma más eficiente, permitiendo que la red principal procese valor sin colapsar por congestión. El resultado es un Ethereum más maduro, más eficiente y mucho más utilizable para el usuario promedio.
El impacto real: pagos, DeFi y experiencia de usuario
Comisiones cercanas a cero abren la puerta a casos de uso que antes eran inviables: microtransacciones, pagos cotidianos, interacción frecuente con protocolos DeFi y una experiencia de usuario comparable a la de aplicaciones Web2.
Para desarrolladores y empresas, el mensaje es claro: Ethereum vuelve a ser una plataforma donde escalar no implica sacrificar costos ni usabilidad. Para los usuarios, desaparece una de las principales barreras de entrada históricas.
Más que una mejora técnica, un cambio de narrativa
Ethereum no solo resolvió un problema operativo. Cambió la conversación. Pasó de ser «la red cara pero segura» a demostrar que puede ser barata, activa y robusta al mismo tiempo.
Si este equilibrio se sostiene, el debate ya no será si Ethereum puede escalar, sino quién puede competir con una red que acaba de probar que sí puede hacerlo.



